Pese a su mayor desconexión con los mercados globales, las zonas rurales pobres están sintiendo los efectos de la crisis económica mundial. El estudio “Crisis y Pobreza Rural en América Latina”, buscó dimensionar los principales impactos en 11 países con elevados niveles de pobreza rural –como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Bolivia, República Dominicana, Paraguay y Perú– o con grandes cantidades de pobres rurales, como Brasil y México.
De estos 11 países, nueve tienen más de la cuarta parte de su población identificada como “rural”, y más del 75% de los hogares rurales se dedican al menos parcialmente a actividades agropecuarias.
El estudio reconoce que si bien el mayor desafío en las zonas rurales es identificar los mecanismos de transmisión de la crisis en cada país e identificar las políticas para contrarrestarlos, en todos los contextos es necesario inducir apoyo a las políticas agrarias, en particular las dirigidas a la pequeña agricultura y agricultura familiar.
EL ALCANCE DE LA CRISIS EN EL MEDIO RURAL
“El grado de desconexión de las economías rurales con los distintos mercados de bienes y de factores permite que la crisis afecte en menor medida al campo que a la ciudad”, sostiene el estudio “Crisis y Pobreza Rural en América Latina”. En este sentido, advierte que la principal desventaja de las economías rurales en épocas de bonanza, se convierte hoy en su principal ventaja relativa en época de crisis.
Pero lo anterior no significa que las áreas rurales saldrán ilesas con la actual recesión mundial, señalándose que es posible que aumente la incidencia de la pobreza rural. El estudio destaca que la zona rural de los países estudiados se caracteriza por ser un ámbito de pobreza “dura”, donde más del 20% de los hogares se encuentra en situación de pobreza extrema, sin reducciones significativas en los últimos diez años, y prácticamente en todos los casos, las tasas de pobreza y de indigencia rural superan la tasa nacional (ver tabla). La crisis, puede agravar la situación de muchos hogares pobres y, además, puede empujar a los hogares rurales “vulnerables” –los que están por encima de la línea de la pobreza– hacia una situación de pobreza.
Por otra parte, la disminución de la demanda externa por productos agropecuarios, mineros y del sector industrial (textiles/maquilas, principalmente) se traducirá en menos empleo tanto urbano como rural. Esto puede significar que para distintos segmentos de afectados por los cambios en el empleo, la agricultura se volverá un refugio durante la crisis.





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Por: Lola Pena Dovale el 10 marzo 2011
a las 12:57 pm