Por Luciano Martínez
Profesor e investigador de FLACSO – Ecuador.
La noción de territorio, un concepto actualmente recuperado en las ciencias sociales, no se limita únicamente a la dimensión geográfica o al espacio, sino que incluye otras dimensiones como la económica, social, ambiental y organizativa. Esta ampliación del concepto de territorio tiene mucho que ver con la crítica a una visión tradicional de corte geográfico y más tarde economicista que solo consideraba los recursos naturales y su valorización. La utilización de la categoría “construcción social” del territorio tiene mucho que ver con la necesaria inclusión de los actores sociales, pues de las estrategias de aquellos y de su grado de organización va a depender mucho la construcción de un territorio, su identificación, y su valorización.
Desde el lado de la sociología, es interesante cotejar este acercamiento a la noción de territorio con la teoría del campo social de Bourdieu, especialmente porque permite visualizar las estrategias de los diversos actores y los conflictos y/o acuerdos entre ellos en función de la disponibilidad de capitales (económico, cultural, simbólico, social, etc.) que dispongan. El campo social, en realidad, es el espacio en donde los actores sociales se ubican para desarrollar sus estrategias, que pueden ser cooperativas o competitivas, ya sea para conservar su posición adquirida en un determinado campo (normalmente las clases privilegiadas), o ya sea para cambiar su posición (las clases subalternas). Cuando se habla de construcción social del territorio, entonces, habría que considerar esta dimensión “relacional” de actores que despliegan estrategias específicas de acuerdo a intereses vinculados con su ubicación en el campo social. Esta dimensión social viene a enriquecer la conceptualización de territorio que puede correr el riesgo de ser considerado únicamente como un espacio económico-geográfico donde hay que planificar bajo un modelo económico determinado (normalmente desde arriba) las estrategias de los actores o dónde hay que aplicar una “gobernanza” que busque principalmente eliminar los conflictos sociales (también desde arriba y muchas veces desde fuera) a través de acuerdos entre los diversos tipos de actores.
Una conceptualización del territorio que incluya la noción de campo social, permite sin duda, en primer lugar, una lectura más objetiva de los procesos que se han consolidado en el territorio, de aquellos que se frustraron y de aquellos que tienen una potencialidad futura. Muchos territorios se han construido con un denominador común basado en el conflicto, mientras que otros lo han hecho en base a procesos de cooperación entre actores. En segundo lugar, se puede visualizar las estrategias desplegadas no solo por los actores exitosos sino también por aquellos que no lo son. No hay que olvidar igualmente que la posición de los actores en el campo social es dinámica y que puede cambiar cuando las condiciones sobre las que se han construido determinados procesos, también cambien. En tercer lugar, se visualizan los conflictos sociales que pueden generarse en diversos subcampos (cultural, étnico, económico, etc.) lo que permite también explicar la naturaleza del conflicto y su posible salida. Finalmente, permite captar la dinámica de los procesos de innovación que se desarrollan en el territorio, esto es, si se trata de procesos endógenos que son impulsados por actores locales, aprovechando recursos locales, en base a procesos de cooperación o de generación de empleo local, con una identidad territorial bien definida; o al contrario, se trata de procesos impulsados por actores locales o externos vinculados a estrategias de acumulación foráneas que valorizan solo los aspectos económicos (como sucede, por ejemplo con las empresas mineras en varias zonas de América Latina).
Desde esta perspectiva, el capital social desempeña un rol central, sobre todo en territorios donde los actores subordinados no disponen de otros tipos de capitales, especialmente el económico. Pero no hay que caer en la tentación de pensar que el solo nivel organizativo ya es sinónimo de capital social. De hecho hay numerosos territorios que disponen de un buen nivel organizativo y siguen siendo pobres. Es necesario mirar el capital social al menos en tres niveles: familiar, comunitario y organizativo. Es probable que el capital familiar se conserve, pero que en cambio no exista mucho capital social en los otros niveles. De todas maneras, un buen capital social familiar, puede ser una palanca importante para impulsar otro tipo de estrategias, esta vez económicas que beneficien a las familias. Si retomamos la teoría del campo social, estos actores subordinados, pueden desplegar estrategias económicas u de otro tipo en base a su capital familiar y si logran organizarse, pueden sin duda cambiar su posición en el campo social. Quiero destacar la importancia estratégica de este capital social familiar que lamentablemente no ha sido puesto de relieve en otros estudios. El caso contrario puede darse, cuando se desarticula el capital social familiar, como parece ocurrir en muchas comunidades indígenas de la región por efecto de la migración interna o la emigración hacia el mercado mundial. Entonces no hay posibilidad de que estos actores puedan influir en las conflictivas relaciones del campo social, por más que pertenezcan a organizaciones formales, pues su peso en las estrategias desplegadas en el territorio será insuficiente para contrarrestar el peso de las clases privilegiadas y poder pensar en un modelo endógeno de desarrollo.
La necesaria inclusión de la dimensión social, finalmente, puede ayudar a tener una lectura del territorio de corte histórico, pues los procesos que se dan en el mismo no son de corto plazo, sino que acumulan experiencias desplegadas por los actores subordinados, muchas de las cuales han sido dejadas de lado, en situaciones en que el campo social estaba dominado por otros intereses, pero que pueden reactivarse en otras condiciones, como por ejemplo, cuando el capital social disponible se ha conectado exitosamente con otros tipos de capitales y cuando las políticas públicas tratan de favorecer un modelo de desarrollo menos concentrado y desigual.
Crédito fotografía: Neil Palmer (CIAT)




Me parece excelente el artículo, generalmente cuando hacemos intervenciones en los territorios nos enfocamos en el aspecto económico para construir las politicas públicas sin embargo dejamos de lado la importancia de la dimensión social del territorio olvidando que la construcción económica del mismo depende de la construcción social.
Saludos
Por: Jose Bernardo, Panamá el 10 septiembre 2009
a las 10:36 am
Los datos que los señores expertos del gobierno nunca reflejan la realidad social y economica de colombia porque mson datos acomodados a las circunstancias. si lo que dicen que con $400.000 pesos viven los colombianos, es una falacia porque una canasta familiar se encuentra entre 800.000 y 1.200.000 pra vivir dignamente. luego, si tenemos 8 millones de indigentes en el pais, la pobreza se ha incrementado considerablemente con las malas politicas del gobierno actual. que ha despilfarrado 30.000 millones de dolares en la guerra y la inversion social esta en cero. de manera, que lo que dicen dichos señores no es cierto y es un vil engaño para el mundo.
Por: rafael rodriguez el 3 octubre 2009
a las 6:49 pm